LA  “RESISTENCIA PERONISTA” EN SANTA FE (1955-1960)

La “resistencia” durante la “Libertadora” (1955-1958)

            El derrocamiento del gobierno constitucional de Juan D. Perón en septiembre de 1955 generó un clima de tensión e incertidumbre en todo el país. La provincia de Santa Fe fue intervenida militarmente el 21 de septiembre, iniciando un proceso de “desperonización” similar al desarrollado en diferentes distritos del país. Tras los breves interregnos del general Enrique Lugand y el coronel Juan Bautista Picca, la estrategia represiva se consolidó plenamente a nivel provincial bajo la gestión del vicealmirante Carlos A. Garzoni, en sintonía con la asunción de Pedro E. Aramburu en la presidencia de facto.

            Lejos de reflejar fisuras, las diferentes administraciones de facto profundizaron la “desperonización”, que se manifestó en la destrucción de símbolos del movimiento peronista, el cambio de nombre de calles y localidades (como Cañada de Gómez, una ciudad del sur provincial, antes denominada Ciudad Evita), la persecución judicial de dirigentes a través de las Comisiones Investigadoras y las cesantías de trabajadores y trabajadoras en diferentes dependencias del Estado provincial y municipal. En este proceso, participaron “comandos civiles” que ocuparon unidades básicas y locales sindicales, y destruyeron bustos y placas del gobierno peronista.

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                                                                    El Litoral, 10/02/1956, p. 3

En Santa Fe, las primeras manifestaciones de resistencia surgieron de manera inmediata como una respuesta a las medidas persecutorias y represivas implementadas por las autoridades nacionales y provinciales contra los sindicatos y, especialmente, contra el movimiento peronista. En este momento inicial, las acciones tuvieron un carácter espontáneo, inorgánico y defensivo, y se localizaron en los principales distritos urbanos de la provincia.

El Litoral, 10/02/1956, p. 3

En la ciudad capital, el conflicto se desató el 21 de septiembre de 1955, cuando columnas antiperonistas intentaron ingresar a la estación del Ferrocarril Nacional Gral. Belgrano con el objetivo de destruir los símbolos peronistas de la institución y se toparon con los trabajadores ferroviarios que se encontraban apostados en el establecimiento. Según las crónicas periodísticas, los enfrentamientos dejaron como saldo varios heridos y un muerto. Asimismo, también se identifican acciones de resistencia con un fuerte carácter simbólico, por ejemplo, Josefa Solito de Alegre (ex subdelegada censista en Santa Fe) describe que ante la destrucción de bustos de Perón y Evita que estaban realizando diferentes grupos civiles, ella optó por resguardar uno para protegerlo. En Rosario, por su parte, los enfrentamientos se concentraron en los barrios obreros de Saladillo y Villa Manuelita, y se prolongaron durante varios días, dejando como saldo un número importante de heridos y muertos producto de la represión. Este hecho se transformó posteriormente en un hito fundante en las memorias de la “resistencia peronista”.

            Las manifestaciones de resistencia no se limitaron a los grandes centros urbanos de la provincia: de acuerdo con las fuentes consultadas también hubo movilizaciones en otras ciudades del interior santafesino. Por ejemplo, en Casilda, localidad del sur provincial, grupos de hombres y mujeres marcharon desde el local de la CGT hasta la plaza central en la que se encontraba emplazada un busto de Eva Perón.

El “Frente Emancipador” en Santa Fe

            Hacia fines de 1955 comenzó a tomar forma lo que se conoció posteriormente como la “resistencia peronista”, a través de la emergencia de los denominados comandos. Se trató de un fenómeno espacializado y territorializado, en el que el despliegue de sus acciones estuvo vinculado a las características socioeconómicas de sus tres focos principales: Santa Fe, Rosario y Rafaela.

            En la ciudad de Santa Fe se destacó el denominado “Frente Emancipador”, una organización que nucleó a dirigentes políticos (Francisco González Salmerón, Juan Heredia Vargas y Miguel Torres), militantes de la rama femenina (“Lili” Casco, María Pautasso y Elizabeth Agnellini), dirigentes sindicales (Guido Agnellini y Florencio Guinle), sectores del nacionalismo (Francisco Luque López) y del comunismo (Juan M. Vigo). En su testimonio, Guido y Elizabeth Agnellini recuerdan la formación del grupo de la siguiente manera: “ni bien cayó el peronismo, en una noche eso fue una idea toda de Salmerón y de Luque López. Después, a las semanas de haber caído Perón ya estábamos todos en los gremios, todos en la resistencia. Cada uno por su lado. Pero todos con la idea de la resistencia, nadie se fue a su casa”. En cuanto a las acciones, relatan que iban “Con una tiza, poníamos Viva Perón, FE, Frente Emancipador. Y así apareció toda la ciudad y la policía se volvía loca porque de todo, esa noche sincronizado había que pintar toda la ciudad de Santa Fe, Rosario y todo lo que era la provincia, como Frente Emancipador.”

            En las páginas de la prensa comercial, también se registran indicios sobre la actividad de comandos o grupos de “resistentes” en la capital. Por ejemplo, en los primeros meses de 1956 se informó el allanamiento de una “organización subversiva”, en la que se detuvo a un grupo de personas acusadas de estar implicadas en la repartición de panfletos contrarios al gobierno y como “instigadores de huelgas”. En el operativo, se incautó “gran cantidad de panfletos y propaganda del régimen depuesto”, armas y un mimeógrafo. Asimismo, un caso que generó gran repercusión fue el “atentado” contra el domicilio del secretario general de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Luis Serrichio, que consistió en la colocación de un explosivo en la puerta del lugar. El comunicado policial atribuyó la acción a “elementos” pertenecientes a la ex-CGU y al peronismo local (El Litoral, 25/05/1956, p. 5).

Los Comandos en Rosario

            En Rosario, por su parte, la “resistencia” surgió a partir de la conformación de diferentes comandos, por ejemplo, el Comando Zona Sur; el Comando Zona Norte; el Comando Centro; el Comando “Los Leales”; y La Peña de la Seccional 7ª. A diferencia de la capital provincial, el perfil industrial de Rosario permitió el desarrollo más intenso de los sabotajes, mediante cortes de luz y cables telefónicos en las zonas céntricas, contra las estructuras de los ferrocarriles interrumpiendo sus recorridos y la colocación de artefactos explosivos. Asimismo, realizaron acciones de propaganda como panfleteadas y pintadas callejeras. Un hecho que revistió gran impacto en la prensa rosarina ocurrió en abril de 1956, cuando las fuerzas del orden detuvieron “un movimiento de carácter subversivo” a raíz de un atentado realizado en el teatro La Comedia. De acuerdo con las crónicas periodísticas, se trató de un grupo integrado por “grupos de choque de la ex Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), ex dirigentes de la Confederación General Universitaria (CGU) y “elementos” del ex partido oficialista” (Crónica, 14/04/1956, p.3).

La “resistencia” en otras localidades

            Por otro lado, en el centro-oeste santafesino la ciudad de Rafaela fue el foco a partir del cual las redes de sociabilidad regional permitieron la organización de diferentes grupos resistentes. Algunos de los integrantes fueron el agrónomo Reinaldo Parra, Américo Maina, militante peronista de Rafaela, y el suboficial principal Ramón Zapata, quienes utilizaron sus domicilios particulares como centros de reuniones clandestinas.  En este sentido, Maina relata que “las reuniones se realizaban en el domicilio del doctor Luis Parra o en la casa del suboficial principal Ramón Zapata. Este último formó varios grupos, dirigidos cada uno por un jefe. Estos fueron Elvio Farías, Oscar Núñez, Juan Ponzetti y yo. Tenía a mi cargo a seis o siete muchachos para organizar distintas actividades” (Maina, A. en Duzevich, A., 2021). Este grupo mantuvo vínculos con otros de localidades cercanas, como Esperanza, María Juana, Santa Clara de Saguier, Lehmann y Sunchales.

El levantamiento de junio 1956 y sus manifestaciones en la región del Litoral

            El levantamiento de junio de 1956, comandado por el general Juan José Valle, tuvo un importante impacto en la región del Litoral. En efecto, evidenció la existencia de redes entre los diferentes grupos de Santa Fe, Rosario, Rafaela e, incluso, la ciudad de Paraná (provincia de Entre Ríos).

            Aunque el levantamiento fue rápidamente neutralizado y reprimido, las acciones locales dan cuenta de la existencia de la coordinación entre diferentes grupos. En la capital santafesina, el objetivo principal consistió en tomar las instalaciones de la estación de radio L.T.9 y de la usina eléctrica. No obstante, según las crónicas periodísticas el levantamiento no llegó a concretarse y las fuerzas de seguridad detuvieron a todos sus “cabecillas”, vinculados al “Frente Emancipador” (Francisco González Salmerón, Juan Heredia Vargas y Florencio Guinle), así como a José María Rosa y Alberto Ottalagano, quienes mantuvieron conexiones con los grupos de Paraná.

            En Rosario, los diferentes grupos civiles ocuparon la planta transmisora de LT2 y la estación Sarratea del Ferrocarril Mitre, y fracasaron en su intento de tomar el Regimiento 11 de Infantería. Por su parte, en Rafaela buscaron ocupar la jefatura de policía y el distrito militar N°37, pero ante la noticia del fracaso del movimiento abandonaron sus acciones.

            La respuesta estatal se alineó con la estrategia represiva desplegada por el gobierno militar nivel nacional. La persecución y detención de los implicados se combinó con acciones de maltrato y la exhibición pública de los detenidos. En este sentido, Américo Maina recuerda “nos maltrataron psicológicamente. Nos llevaban de a uno, nos sacaban de la jefatura, de la puerta del Boulevard Santa Fe, nos hacían pasar en frente de la gente, había mucha gente. Y allá, en el edificio, nos amenazaban de todas maneras”. Agrega que “nos tuvieron 2 o 3 días durmiendo en el piso, había una helada, en pleno junio, dormíamos sobre el cemento. (…) En Santa Fe nos bajaron en una jefatura, nos hicieron poner de a dos en una galería contra la pared, atados, estuvimos hasta la madrugada así. Y mientras, se paseaba un guardia que nos decía que nos iban a fusilar a todos.”

            Si bien el fracaso del levantamiento del 9 de junio de 1956 y su posterior represión implicaron un atemperamiento de las acciones directas de los comandos, durante 1957 continuó el desarrollo de los sabotajes y atentados contra instalaciones de comunicaciones telefónicas y estructuras de los ferrocarriles. En este contexto, un hecho que generó repercusión en la prensa provincial fue el atentado contra Mario Mariotti, dirigente de la UCRI. De acuerdo con Melón Pirro (2009), se trató de un “hecho aislado”, y que fue “víctima de una venganza planeada por un particular a raíz de su actuación en Rosario ‘como elemento del Comando Revolucionario de 1955’, en lo que constituyó, sin lugar a duda, un hecho aislado” (p. 93). Hacia fines de 1957, el cierre de este primer momento está marcado por la desarticulación de una organización en Rosario, que tenía ramificaciones en diferentes puntos del país y en Uruguay (Crónica, 31/12/1957, p. 1), y los procesos de apertura electoral limitada impulsados por el gobierno nacional.

La “resistencia peronista” en los primeros años del gobierno de la UCRI (1958-1960)

            En el año 1958, la asunción presidencial de Arturo Frondizi y la llegada de Carlos Sylvestre Begnis como gobernador de la provincia de Santa Fe -fruto del pacto con Perón- inauguraron un periodo de apertura electoral limitada y relativo atemperamiento de las medidas proscriptivas. Para la “resistencia peronista”, esta coyuntura implicó un cese de las acciones violentas (sabotajes, colocación de explosivos), y el desplazamiento hacia otras formas de disputa de carácter simbólico y cultural. En este escenario, los homenajes, rituales y conmemoraciones de fechas del calendario peronista funcionaron como herramientas de disputa que buscaron romper el cerco proscriptivo y reafirmar la identidad peronista en el espacio público. Algunos de estos hechos se destacaron por su convocatoria, como las concentraciones en el Cristo Redentor en Rosario que, según las fuentes periodísticas, llegaron a concentrar a unas 15.000 personas (La Capital, 08/05/1958, p.4). En la capital, luego de una misa en conmemoración del nacimiento de Eva Perón, los concurrentes se movilizaron hacia la legislatura y expresaron sus reclamos al vicegobernador: que se concretara la ley de amnistía, la restitución de los bienes del partido y la devolución del cadáver de la señora de Perón (El Litoral, 07/05/1958, p.4). En algunas ocasiones, estas manifestaciones terminaron en enfrentamientos con las fuerzas del orden, como ocurrió en Rosario con motivo de la conmemoración del 17 de octubre de 1958 (Rosario, 18/10/1958, p. 2)

            No obstante, hacia fines de 1958 la profundización de la política económica, el aumento de los conflictos sindicales y la consecuente acción represiva terminaron con la tolerancia entre el gobierno y el peronismo. Esta situación desembocó en la ruptura del pacto y la reactivación de la actividad de los comandos.

            Al igual que en otros distritos del país, el año 1959 registró el mayor pico de conflictividad y actividad de los comandos en la provincia de Santa Fe, en particular en los principales centros urbanos. En la ciudad de Santa Fe, por ejemplo, grupos de la “resistencia” realizaron acciones directas contra infraestructuras de comunicaciones, establecimientos metalúrgicos, empresas de transportes y figuras políticas locales vinculadas con el antiperonismo. Por ejemplo, en julio de 1959, en vísperas del proceso electoral, se produjo un atentado en el domicilio del dirigente radical y excandidato a gobernador por la UCRP Dr. Julio J. Busaniche, que consistió en colocar un explosivo en la puerta de su domicilio (El Litoral, 20/07/1959, p. 5). En Rosario, por su parte, la dinámica de los comandos revistió mayor intensidad y se desarrollaron en un contexto de creciente conflictividad sindical, tal como se advierte en las noticias publicadas por los medios de prensa locales durante esa coyuntura. En cuanto a las acciones, tuvieron características similares a las desarrolladas en la capital, aunque con una diferencia cuantitativa importante.

            Ante este escenario de conflictividad, el Estado nacional respondió con la aplicación del Plan CONINTES, que supuso allanamientos y detenciones contra activistas peronistas, opositores políticos, trabajadores y sindicalistas. En Santa Fe, los principales medios de prensa informaron sobre la militarización del territorio y la aplicación del plan en la provincia, detallando detenciones en la capital y Rosario.

El levantamiento de Iñiguez, 1960

            Este periodo de la “resistencia peronista” se cerró en noviembre de 1960 con el levantamiento militar y civil comandado por el general Miguel Ángel Iñiguez, que tuvo como epicentros Rosario, provincia de Santa Fe, y Tartagal, en Salta.

            En Rosario, el levantamiento fue liderado por el propio Iñiguez y el coronel Julio Barredo, junto a militares retirados y otros en actividad, y con la participación de civiles, en particular miembros de la “resistencia” y el apoyo de la UOM. En Tartagal, por su parte, la dirección estuvo a cargo del teniente coronel retirado Eduardo Escudé y por un exlegislador peronista, Tomás Ryan.

            Pese a que en ambos casos consiguieron tomar y ocupar diferentes establecimientos civiles y militares, el levantamiento fue rápidamente reprimido por las fuerzas del orden. Este suceso, significó un punto de inflexión en la “resistencia peronista”, marcando el cese de la actividad de los comandos y el fin de la “vía militar” como estrategia para la toma del poder.

Referencias:

Fuentes

Agnellini, Guido. Entrevista realizada por E. Iglesias. Archivo de Historia Oral, Universidad Nacional del Litoral, 1992.

Archivo Personal Josefa Solito Alegre. Archivo biográfico personal. [Documento personal].

Maina, Antonio. Entrevista realizada por M. C. Tonón. Américo Maina. Archivo personal de la autora, 2005. [Entrevista no publicada].

Junta Promotora de Estudios Históricos y Políticos Martín Fierro. Nosotros… la Resistencia. Rosario, Argentina, 1998.

Diario El Litoral, 1955-1960 (Santa Fe)

Diario Crónica, 1955-1960 (Rosario)

Diario La Capital, 1955-1960 (Rosario)

Diario Rosario, 1955-1960 (Rosario)

Diario La Voz del Interior, 1955-1960 (Casilda)

Referencias

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Ehrlich, Laura. La reinvención del peronismo, 1955-1965. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2022.

Ferrari, José, L. La rebelión del 9 de junio de 1956 en La Pampa: Análisis histórico a partir de fuentes documentales y testimoniales (Tesis de maestría). Universidad Nacional de la Pampa, 2012.

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Gorza, Anabella. Insurgentes, misioneras y políticas. Un estudio sobre mujeres y género en la Resistencia peronista (1955-1966). Buenos Aires, Biblos, 2022.

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                                                                                   Elías Papili