La obra de Salvador Ferla de 1964 llevaba como título Mártires y verdugos y estaba orientada a establecer los hechos de sangre que siguieron al levantamiento del 9 de junio de 1956. Ese ensayo, junto a Operación Masacre de Rodolfo Walsh configuró un listado de personas que fueron asesinadas en condiciones extralegales durante la Revolución Libertadora.
Con el paso del tiempo, el peronismo hizo suyo ese conjunto de nombres que fueron recordados, en primer lugar, en los lugares de sepulcro y más tarde en actos, manifiestos y publicaciones.
Esa ritualización no incluyó a otras víctimas del golpe militar de 1955. En los episodios revolucionarios hubo muertes; asesinatos en domicilios particulares; hombres que murieron en la cárcel o en el exilio por enfermedades sin la debida atención; otros fallecieron en el país o en el destierro por tristeza o desazón y no faltaron víctimas mortales producto de las torturas a las que fueron sometidos.
El 16 de septiembre a las 16 horas fue tomada la sede de la Policía en la Ciudad de Córdoba. En la esquina de San Jerónimo e Independencia se produjeron fusilamientos de cadetes y policías, que no fueron identificados hasta el día de hoy. En la misma jornada fue asesinado el Comisario López de un balazo por la espalda, cuando se retiraba de su oficina. Otros miembros de las fuerzas de seguridad perdieron la vida en defensa del gobierno peronista. Según fuentes periodísticas, producto de los enfrentamientos murieron los siguientes civiles: Pascual Agüero (s d), Jerónimo Aguirre (empleado, 28 años), José Alcalde (empleado, 30 años), Eric Biemann (empresario, 40 años), Carlos Bravo (estudiante, 12 años), Romualdo Britos (s d de profesión, 37 años), Ramon Brizuela (comerciante, 44 años), Ignacio Bustos (Doctor en Ciencias Económicas, 28 años), Primitivo Castro (s d), Romualdo Cisneros (ferroviario, 37 años), Mauricio De María (empleado de comercio, 46 años), Domingo Di Lalla (comerciante, 51 años), Alfredo Diaz, empleado, 48 años), Miguel Espíndola (comerciante, 30 años), Antonio Espinosa (jornalero, 56 años), Hugo Fumagalli, (estudiante, 21 años), Cosme Galeano (mecánico, 61 años), Cosme Gallardo (s d), Mercedes Gutiérrez (s d de profesión, 37 años), Daniel Ricardo Honrubia (agricultor, 30 años), Julio E. Jardel (educacionista Sub. Tte Reserva, 27 años), Eleazar A. Klimovsky (estudiante, 26 años), Ramón Lescano (jornalero, 40 años), Ramona López de Robledo (jubilada, 86 años), Bruno Malilnskas (s d profesión, 19 años), Eugenio Mangin (jornalero, 36 años), Humberto Marchiori (estudiante, 17 años), Tomás Molina (empleado ferroviario, 25 años), Raymundo Montenegro (zapatero, 26 años), Víctor Moyano (empleado, 48 años), José M. Peralta (empleado, 25 años), María Mercedes Peralta (66 años), Aldo Pomba (albañil, 32 años), Horacio Ponce (empleado, 24 años), Ángel Ramírez (empleado 38 años), Jesús Romero (20 años), Rafael Sandler (contador, 30 años), José M. Sola (estudiante, 20 años), Mario C. Sorrentino Paz (estudiante, 18 años), Hugo C. Sosa (estudiante, 21 años), Nélida Sosa (39 años), Pedro Spedale (26 años), José Tello (Empleado, 46 años), Manuel Ternengo (viajante, 46 años), Francisco Tobares (8 años), Ángel Zarate (jardinero, 68 años), Manuel J. Zarate (empleado, 23 años).
En la provincia de Buenos Aires, el primer caso a considerar es el de Manuel Chaves. Se desempeñaba como Secretario General de la Regional Azul de la CGT y de la Asociación de Trabajadores del Estado. De manera inmediata al golpe militar de 1955, el 22 de septiembre de 1955 a las 11 de la noche un grupo irrumpió en su hogar, Córdoba 869, una casa alquilada. Buscaban armas. En una ráfaga de ametralladora mataron a Chaves, frente a su esposa y cuatro hijos.
El día 24 de septiembre de 1955 un corresponsal del New York Times, Eduardo Morrow informaba que en Rosario se habían producido enfrentamientos y choques originados por movilizaciones del peronismo. El saldo de esos hechos: 15 muertos y más de cincuenta heridos graves. A la fecha conocemos los nombres de cuatro de los muertos: Manuel Enrique Abella (canillita, 37 años); Julio Ortega de (jornalero, 30 años); Segismundo Zelaya (militar, 23 años) y Azucena Luisa Cope (15 años). Otras referencias menos precisas refieren a tres jóvenes de apellido San Miguel, Vieytes y Minicuzzi.
Otro fue el caso de Oscar Nicolini, Ministro de Comunicaciones del gobierno peronista. Fue detenido por el gobierno militar. Los medios sensacionalistas denunciaban su enriquecimiento. La comisión investigadora respectiva no pudo probarle delitos concretos. Murió en la cárcel de Las Heras, tras un largo proceso de deterioro de su salud motivado por una neumonía contraída en su encierro en el sur del país.
Ramón Carrillo partió de Buenos Aires en octubre de 1954 con una beca para estudiar en los Estados Unidos, con la esperanza de lograr un tratamiento favorable para su enfermedad. Vivió con su familia en un barrio humilde de Nueva York. Alternaba sus clases en Harvard, con la fabricación de un medicamento y el armado de un equipo de gasificación de drogas y la búsqueda de un tratamiento efectivo para su dolencia. Poco antes del golpe militar le escribía a Helvio “Poroto” Botana que se encontraba en buenas relaciones con “el Jefe” y que Perón le había ayudado en su estancia en Estados Unidos. Como la situación económica no resultaba óptima, aceptó trabajar para la empresa norteamericana Hanna Mineralization and Company, que tenía una explotación a ciento cincuenta kilómetros de la ciudad brasileña de Belem do Pará, cerca de la desembocadura del río Amazonas. Llegó el 1 de noviembre de 1955 a Brasil. Se acercó al hospital local para colaborar. Viajaba dos veces por semana hasta Aurizonia, el campamento minero, a veces en helicóptero otras en barcaza. Mientras tanto en Buenos Aires, con el cambio de gobierno, sus propiedades fueron allanadas y Carrillo fue acusado de enriquecimiento ilícito y malversación de fondos. Designó como albacea al periodista Segundo Ponzio Godoy. En marzo de 1956 le anunció a su esposa que le quedaban unos meses de vida. A fin de mes escribía a Botana diciéndole que más que declaración de bienes tenía una de deudas y que esperaba que la C.N.R.P. (Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial) encontrara un “‘toco’ escondido para calmar a mis acreedores”. A fines de noviembre tuvo un accidente cerebrovascular perdiendo la vida.
Pedro Lizaso había sido comisionado en Vicente López en los primeros años del peronismo. En la década del ’50, como otros hombres originados en el radicalismo de Forja, tomó distancia del gobierno. Hombre de convicciones, volvió a la militancia activa tras el golpe militar. Junto a su hijo Carlos, comenzaron a publicar a mimeógrafo El Cabecita para la zona norte del gran Buenos Aires. En el momento en que se preparaba el levantamiento de Valle estaba pendiente del mismo. El día programado para el alzamiento se encontraba en su casa de la esquina de Las Heras y 25 de Mayo en Vicente López. Al conocerse la intervención de la Policía bonaerense en la casa donde se encontraba Carlos Lizaso y la posterior declaración de la ley marcial, sus familiares lo aislaron y persuadieron para que saliera para Montevideo, con la promesa que pronto viajaría su hijo. Le ocultaron su destino trágico, a sabiendas que, de conocerlo, no saldría del país. En Uruguay compartió destierro con Arturo Jauretche y Francisco Capelli del forjismo y otras personalidades del peronismo. Para sortear la situación económica abrió y atendió una confitería con el nombre “Madrid”. Los socios del emprendimiento fueron: Francisco Capelli, Arturo Jauretche, Ricardo Guardo y el mismo Lizaso. En ese espacio se reunían los exilados argentinos. Allí esperaba la llegada de su hijo. Otro de sus hijos, Arnaldo, junto a su hermana Tití y su esposo, Oscar Delgado, tuvieron que hacerse cargo de toda la situación familiar tras el fusilamiento de Carlos y el exilio de Pedro. Fue Arnaldo el encargado de darle la mala noticia: en su primer viaje a Montevideo se lo comunicó. La familia estaba pendiente de la situación de Pedro Lizaso en Montevideo y por tal motivo Arnaldo se trasladó allí en varias ocasiones. Tiempo después, entristecido, falleció de un infarto en el exilio el día 11 de noviembre de 1956. Fue ese mismo hijo el encargado de repatriar sus restos, que fueron depositados en el cementerio de Olivos.
Otro fue el caso del dirigente bancario Alfredo Machargo. Formó parte de la fundación del Ateneo de Bancarios Argentinos en 1945. Resultó electo diputado nacional en 1946. Tras el golpe militar fue detenido por su condición de ex legislador. Si bien tenía una enfermedad en curso, según denuncias de la época, murió en la cárcel a causa de las torturas que le fueron infligidas.
En el Quién es Quién en la Argentina del año 1958 ya no figuraban Luis Cané, José Gabriel, Arturo Cancela y Horacio Rega Molina. Estos escritores fallecieron durante el año 1957. Aunque sus muertes no pueden atribuirse linealmente a las acciones del gobierno militar, su marginación puede haber contribuido a forjar las condiciones que desencadenaron esa situación. Cané murió el 1 de marzo. Cancela el 27 de abril. Gabriel el 14 de junio. Rega Molina el 24 de octubre. Para ese momento Rega Molina tenía 59 años, Cané 60, Gabriel 61 y Cancela 65. Rega había sido crítico literario de El Mundo durante muchos años y fue cesanteado por su amigo José Barreiro que actuaba como interventor del medio; Cané dirigió el suplemento literario de Clarín desde su nacimiento en 1945 y enfermó gravemente; Gabriel colaboraba en El Laborista quedando muerto apoyado en la máquina en la que escribía y Cancela fue responsable del suplemento de La Nación antes de E. Mallea y dirigió la Asociación de Escritores Argentinos en su primera etapa. Todos contaban con reconocimientos y premios. Los medios más importantes no cubrieron sus decesos.
Fuentes:
Línea Dura. Homenaje a Alfredo Machargo. Número 17. 21 de abril de 1958.
Referencias:
Archivo Nacional de la Memoria. Investigación Documental. Golpe de Estado de 1955. Buenos Aires, ANM, 2019.
Korn, Guillermo; Pulfer, Darío. 1957 ¿Año fatídico o capítulo de la ley de la discordia de las letras nacionales? Buenos Aires, Peronlibros, 2020.
Luna, Marcial. Chaves. El primer fusilado de la “Libertadora”. Buenos Aires, CTA, 2016.
Darío Pulfer