(Córdoba, 1914- Buenos Aires, 15 de marzo de 1985).

            Se trasladó a Buenos Aires, donde completó sus estudios superiores.

            Son escasos los datos con los que contamos sobre el tiempo que media hasta llegar a posiciones salientes en el primer gobierno peronista.

            Formó parte de la Peña de Eva Perón. En ese ámbito publicaron Nuestra Señora del buen batallar en el año 1950.

            Se desempeñó como Subsecretario del Ministerio de Asuntos Técnicos en los inicios de la década del cincuenta.

            Participó de la creación de la Escuela Superior Peronista. En el momento que Raúl Mende asumió responsabilidades mayores en el ámbito de la Presidencia dirigió, de hecho, la ESP y supervisó la publicación de la Revista Mundo Peronista.

            Publicó con el seudónimo Zoilo Laguna poemas gauchipolíticos en la Revista Mundo Peronista (La vida por Perón, El coronel arrestao, El ritrato, etc) y en el diario La Prensa.

            Colaboró en  la publicación periódica El Hogar y en el suplemento cultural de La Prensa, bajo control de la CGT.

            La subsecretaría de informaciones difundió en formato folletos intervenciones periodísticas con el seudónimo de Zoilo Laguna: Juncionario (1952), Se vienen las votaciones (1954), Juan del Montón(1955).

            Monti incluyó a Enrique A. Olmedo en la Antología poética de la revolución justicialista[1].

            Con el golpe militar de 1955 quedó cesante.  No fue juzgado por las comisiones investigadoras que intervinieron en los ámbitos en los que desempeñó su labor.

            Formó parte de los elencos del sector político del peronismo que quedaron en estado de vacancia y comenzaron a formar parte de los grupos que, de manera inorgánica, integraron la resistencia peronista. Se encolumnó en la acción conspirativa del Coronel Federico Gentiluomo. Una vez que éste fue detenido comenzó a participar de los preparativos del  levantamiento de Valle y Tanco.  Fue redactor de la proclama revolucionaria junto a José María Castiñeira de Dios. La misma fue revisada y retocada en última instancia por Leopoldo Marechal.

            Andrés Framini, protagonista del momento, anotó: “Recuerdo que el 8 estaba con Valle y en el café ‘Los Angelitos’ nos encontramos con los suboficiales que eran los encargados de tomar la radio donde íbamos a lanzar la proclama que era el primer golpe que íbamos a dar para salir a combatir. Y ahora que hablo de la proclama quiero recordar (ustedes han leído lo que es esa proclama, el contenido de la proclama que es lo más incruenta posible) que fue revisada hasta el último momento por dos grandes compañeros peronistas, porque les teníamos fe y confianza, dos peronistas de raza, dos compañeros comprometidos hasta el tuétano con la revolución: los compañeros José María Castiñeira de Dios y Enrique Olmedo”.

             Al frustrarse la revolución del 9 de junio debió asilarse en Uruguay. Por sus actividades políticas el gobierno uruguayo lo obligó a internarse en Minas, Departamento de Lavalleja, junto con su esposa. Para poder subsistir debió aprender y ejercitar el oficio de peón aplicador y plastificador de pisos en una empresa uruguaya, sufriendo a causa de ello una lesión bronquial permanente y otra traumática —paralización— de una mano.

            Olmedo inició correspondencia con Juan D.Perón en septiembre de 1956. Quien trasladaba las cartas era uno de los militares que había participado del levantamiento de Valle: Valentín Irigoyen. En el desarrollo de la correspondencia se trataron una serie de temas: el método para desalojar a la dictadura militar; los movimientos de los forjistas en Uruguay y el sentido de la Revolución del 9 de junio. Es en este último punto en el que Olmedo, junto con Alejandro Olmos, tuvieron influencia en Juan Domingo Perón haciéndole revisar su posición inicial en relación a esos hechos. Ese viraje se manifestó en la correspondencia, en los libros de Perón de la época (fundamentalmente La fuerza es el derecho de las bestias),  en el encuentro con Tanco y en el manifiesto firmado por Cooke y Perón en  junio de 1958 que reivindicó públicamente el levantamiento de Valle y sus postulados.

            Más allá del intercambio epistolar, Olmedo participó en el diseño y ejecución de acciones solicitadas por el mismo Perón.

            Otra de las tareas de Olmedo en su exilio se vinculó con la colaboración con la prensa peronista clandestina mediante el envío de cientos de artículos y poemas que fueron publicados en distintos medios: Pero…que dice el Pueblo orientado por Federico Gentiluomo, Rebeldía del Padre Benítez, Línea Dura publicado por María Granata y Norte de Alberto Campos.

            Regresó al país en tiempos de Frondizi. En ese tiempo reanudó su correspondencia con Perón. En ella se reflejaron las posiciones y evaluaciones sucesivas que realizaba Perón en relación al rumbo que asumía el gobierno de Frondizi. Perón reiteró que el peronismo votó por Frondizi para conseguir mejores condiciones de “semi – legalidad” y que apoyarían las medidas en favor de la mayoría y atacarían las medidas contrarios a ese interés. Por su parte, Olmedo argumentaba en favor de una salida violenta para acabar con la proscripción del peronismo. Perón coincidía en esa posición, bajo la condición de la ruptura del llamado “pacto”.

            Cabe consignar que, si bien Olmedo se encontraba en diálogo con Perón y cercanía con la dirigencia política del peronismo, no fue integrado a los organismos de conducción del movimiento en el país. Su labor política parece asociarse, en esa etapa, a la redacción de documentos del Movimiento Peronista. Entre otros, a su pluma respondió el manifiesto difundido por el Consejo Coordinador y Supervisor del peronismo titulado Hambre y humillación para 20 millones de argentinos en réplica a los planes económicos de Frondizi-Alsogaray.

            Por ese tiempo se desempeñó en la actividad privada, trabajando en la Empresa Fiat.

            Entre los años 1971 y 1972 colaboró activamente con el Consejo de Planificación orientado por Leopoldo Frenkel.

            Colaboró en el órgano oficial del peronismo, Las Bases, en el período que fue dirigido por Carlos Spadone.

            En 1972 publicó una historia del Banco de Italia y del Rio de la Plata.

            Al regresar el peronismo al gobierno, se encontraba jubilado cobrando la liquidación correspondiente al cargo que había ejercido como subsecretario.

            En 1974 con el seudónimo Facundo de los Llanos publicó La güelta de Juancho.

            En 1975 formó parte del gobierno de Isabel Perón, desempeñándose como responsable del área de prensa y difusión. En ese momento envío una carta a la revista El Caudillo que lo había criticado. En la misma pasó revista de su militancia en el peronismo desde su nacimiento, desafiando a Romeo a cumplir con un diez por ciento de su labor y compromiso por la causa justicialista.

            Falleció el año 1985.

Fuentes:

Correspondencia de Enrique A. Olmedo  – Juan D. Perón.

Carta de Enrique A. Olmedo a Felipe Romeo.11 de noviembre de 1975.

Obras:

Laguna, Zoilo. Juncionario. Bs.As., Subsecretaría de informaciones, s/f.

Laguna Zoilo, La pucha mi General. Buenos Aires, Subsecretaría de informaciones, 1952.

Laguna Zoilo.  Que linda está mi nación. Buenos Aires, Subsecretaría de informaciones, 1952.

Olmedo, Enrique. Banco de Italia y Río de  la Plata. Cien años al servicio del país. Buenos Aires, 1972.

Referencias:

Castiñeira de Dios, José M. De cara a la vida. Primera Parte (1920-1972). Bs.As., UNLa, 2013

Chávez, Fermín. Alpargatas y libros. Diccionario de peronistas de la cultura.  Bs.As., Theoria, 2004.

Monti, Antonio. Antología poética de la revolución justicialista. Buenos Aires, Perlado, 1954.

Darío Pulfer