KUNKEL, Carlos

-¿Qué motiva en usted la decisión de incorporarse alas filas del peronismo?

-En realidad yo no tomé ninguna decisión. Vivíamos en Mechita, en Bragado, y mi padre, siendo ferroviario, había sido del primer núcleo sindical que apoyó al Coronel Peron por el 44.

Al primer acto peronista que me llevaron, podría decirse que fue cuando tendría tres o cuatro meses. “El tren de la victoria”, que trasladaba a Perón luego del triunfo del 46, iba a parar en Bragado, y los hombres del pueblo se fueron a la Estación de Bragado donde se hacía el acto. Pero las mujeres, comenzando por mi abuela, la mamá de mi papá, comenzaron a hablarse entre ellas de qué se iban a quedar sin conocer al coronel, y se trasladaroin hasta la estación ferroviaria de Mechita, aunque allí el tren no iba a parar. Ahí fui yo en brazos. El tren pasó despacito y Perón saludó a quienes acudieron a la estación para verlo. Así que puede decirse que no me incorporé sino que estuve desde siempre.

Después nos fuimos a vivir a Bragado, cuando tenía tres o cuatro años. Fue a una casa del Banco Hipotecario. Mi viejo siguió siendo ferroviario y mi tío llegó a ser concejal. Uno se fue criando con eso.

-¿Cuándo comienza su militancia en el peronismo?

-Yo cumplí los diez años cuando asumía el dictador Pedro Eugenio Aramburu, quien traicionara al General Lonardi. Lonardi más bien procuraba mantener una situación de no agresividad, rescatando aquellas cosas que tenían que ver con el estado de bienestar que se había alzado con el peronismo en el poder.

Después de que la dictadura de Aramburu asesina entre otros al General Juan José Valle, a través de distintas personas que eran peronistas, comenzaron a llegar al barrio cartas atribuidas a Perón; recuerdo que nos reuníamos en casa de una vecina, donde yo concurría teniendo apenas once años,  y copiábamos en hojas de cuaderno lo que decían ésas cartas, y luego las distribuíamos entre las casas de los vecinos, poniéndolos de esa manera en conocimiento de lo que decía Perón sobre aquellos acontecimientos. No sé si a eso se podría llamar que uno se había incorporado al peronismo, pero si que allí empezaba mi militancia. Creo que habiendo sido de tan chico parte de cuestiones tan relacionadas al peronismo desde su nacimiento, yo ya venía siendo peronista desde aquél día, cuando pasó el tren por Mechita.

Para las fechas recordatorias del peronismo, o cuando se hacía algo con motivo de reclamar el cadáver de Evita, que había sido profanado por la dictadura de Aramburu, se hacían volantes que yo ayudaba a difundir en el pueblo.

Llegados los sesenta, cuando el general Iñiguez estaba preparando “el pronunciamiento» que fue apoyado por dirigentes sindicales de mi pueblo, teniendo unos dieciséis años me sumé; participé en algunos asados que se hacían en unas quintas  a las afueras del p ueblo, uno con motivo de la visita del General Iñiguez, quien llegaría por una ruta de tierra…Los sindicalistas de mi pueblo respaldaban al Comendo de Organización Revolucionaria del General Iñiguez, y ahí estaba yo…

En el 62 acompañé la campaña de Andrés Framini para gobernador. Se había hecho un acto al mediodía, y hasta me acerqué para expresarle mi acompañamiento. De allí surgiría una amistad que se prolongó hasta su muerte. Tuve con él una amistad muy fuerte. Recuerdo también que en el 64 vine con un grupo de compañeros a la Plaza Once a un acto con motivo de la recordación del 17 de octubre.

Vinimos con un compañero que era de Bragado y paraba en la UOCRA en la antigua sede de la calle Rawson 42. Fuimos a la mañana temprano y nos sacamos una foto en el palco antes de que comenzara el acto. Al término del acto íbamos encolumnados desde la Plaza Once, y nos dirigimos por Rivadavia hacia el centro, cuando fuimos furibundamente reprimidos por el Gobierno de Arturo Illia que no dejó que la gente se expresara. No había Estado de sitio, pero reprimieron con palos, gases y sablazos.

-¿Cómo fue su paso por la enseñanza secundaria?

-Terminé mi secundario en el 63 en la escuela de comercio. En esa época no había centros de estudiantes, pero existían los clubes colegiales. Llegúe a ser presidente del club colegial por dos o tres años. No recuerdo que conflicto hubo con los alumnos de quinto año, los  que creo tenían un problema con el director, y entonces no participaron; ese lugar fue ocupado por alumnos de tercero y cuarto. Hacíamos actividades deportivas y culturales, teníamos una biblioteca y bueno allí estuve participando. Luego seguí mis estudios en La Plata

-¿Se incorporó rápidamente a la militancia estudiantil?

-No. En el 64 llego a La Plata, para seguir estudiando. Siempre volvía a Bragado los fines de semana. Mi papá ya estaba jubilado, y regresaba por casa, manteniendo además la relación con el pueblo.

Recién en la primavera del 64, a pocos meses de estar en La Plata viviendo en 6 entre 56 y 54, sabía concurrir a un bar que estaba en la esquina del terminal del Río de la Plata; allí conocí a un grupo de dirigentes históricos del peronismo de la zona. Un ode ellos fue Don Juan José Agote; él venía del anarco sindicalismo, siendo de los fundadores del movimiento sindical peronista en Ensenada, Berisso y La Plata. Otros que también frecuentaban el bar eran Heliberto Torres; “el gringo” Pierini, dirigente del SUPE y uno de los correos entre Perón y la Resistencia Peronista en el 56 –fue de los primeros en ser asesinado por la Triple A, años después-; Hugo Maldonado, secretario general de la ATE. Mis primeros contactos con la militancia peronista en la ciudad de La Plata fueron ellos.

También concurría a vecs a las asambleas estudiantiles. Allí primero me relacioné con los muchachos del comedor universitario, manteniendo una relación muy fluida, especialmente con los que trabajaban en la cocina. Un primo mío, al que no conocía trabajaba allí; cuando lo encontré me enteré que él también era peronista y delegado del sector, así que me relacioné con ellos.

Recuerdo que desde el primer día que ingresé a la Facultad, en vez de acercarme al Centro de Estudiantes, entré a tomar mate con los no docentes. Lo hice por una cuestión de afinidad, por comodad, a lo mejor por tímido, por pajuerano.

Los dirigentes estudiantiles en las asambleas por entonces se mandaban de vez en cuando alguna “gorilada” que agraviaba al pueblo y al peronismo, y ya había algún grupo de compañeros que alzaban la voz defendiendo nuestras posiciones.

¿Qué hecho le impacto por la época?

-Cuando recién llegué a La Plata, antes de instalarme en el centro, viví en un barrio; un día, 18 de marzo, me llama la atención que sin saber bien de donde, sentía sonar los bombos. Salí en búsqueda del lugar de donde provenía esa música tan familiar, me tomé un micro y me bajé donde estaba seguro que era el lugar. Se trataba de un acto en Plaza Rocha al que había ido Framini a hablar; llegué tarde, pero llegué.

Otra cosa, en octubre del 64, cuando se produce una fractura en el Movimiento Obrero. Por un lado quedan las 62 Organizaciones de Pie junto a Perón, con José Alonso a la cabeza, y el otro sector liderado por Augusto Timoteo Vandor. Yo acompaño, en una militancia que puede decirse muy inorgánica en ese momento, al primer sector: el que se sujetaba a las directivas de Perón, manifestándonse con una mayor firmeza y procurando recuperar el movimiento peronista sin ningún tipo de condicionamiento.

Cuando se produjo el Congreso de Avellaneda en el 65, Vandor llegó con Antonio Cafiero y Gerónimo Izzeta de municipales. Fue cuando Vandor pronunció la frase emblemática de que “hay que estar contra Perón para salvar a Perón”, y que “el movimiento obrero se tenía que poner los pantalones largos”. Toda una teoría redactada por compañeros que venían de la izquierda pero que se insertaron primero en el “vandorismo” y luego en el peroniso, con la intencionalidad de formar el partido de los trabajadores, un esquema similar al del laborismo inglés. Se producen las elecciones de Mendoza, donde “las 62 de Pie” junto con Isabel a la cabeza, respaldan la candidatura de Corvalán Nanclares y Martínez Baca para la gobernación, en tanto Vandor junto a la estructura sindical más poderosa, apoyan la candidatura a Gobernador de Serú García. Ganan “los gansos”, como se denominaba a los demócratas conservadores. Pero la relación en cuanto a los votos peronistas, fue algo así como de dos a uno a favor de “las 62 de Pie” y esto a pesar de no contar con la estructura económica y de movilización que había tenido “el vandorismo”. Si los dos sectores no hubieran ido por separado la elección se ganaba cómodamente. Eso fue una cosa muy fuerte. A partir de allí se produce una fractura muy notoria. Y como le decía, acompañaba al sector que respondía a la conducción de Perón, de allí surge la consigna “Juventud Presente, Perón, Perón o muerte”.

-¿Esto se manifestaba en el ámbito estudiantil?

-Por ese entonces no tenía una militancia orgánica. No existían agrupaciones identificadas claramente como peronistas que tuvieran inserción y representatividad, pero si había grupos de estudiantes que actuaban como militantes peronistas.

La mayor participación se produce durante la dictadura de Onganía, cuando la militancia más liberal, del centro y la derecha, se borraron de la militancia universitaria, por lo menos en La Plata. Una excepción fue el Partido Comunista, ellos controlaban la Facultad de Ingeniería y tenían alguna intervención en otras. Eran ellos los que venían a arrancar cualquier cartel donde expresaran temas de la realidad nacional porque sostenían que en la Universidad no debía hacerse política.

El sector de Franja Morada que en aquellos tiempos era una mezcla de radicales, socialistas y algunos católicos, tuvieron una actitud más digna y coherente. Por entonces comienzan a surgir grupos de choque, de resistencia contra el régimen, más identificados con la causa nacional, y de los que participo. Lo hago en todos las expresiones contestarías que se manifiestaban enfrentando las persecuciones que sufría el peronismo.

Por ahí se forma la Federación Universitaria de la Revolución Nacional, con agrupaciones preexistentes de diversas características, de distintas facultades, y que durante largo tiempo conservaron el nombre de sus respectivas agrupaciones dentro de las FURN. Pero hasta ahí resultaban más identificables como agrupaciones adheridas a la Federación, que la Federación misma.

Recién en el 68 comienzo a militar más activamente, cuando tenía la mayor parte de mi carrera aprobada. Siempre participaba de los actos, muchos de ellos relámpagos, distribuyendo panfletos…

La verdad que existía una gran contradicción, porque la agrupación en la Facultad de Derecho se llamaba MUR, que significaba Movimiento Universitario Reformista, cuando en realidad nosotros no éramos reformistas, ni mucho menos, pero era una vieja agrupación que reivindicaba mucho la cultura nacional, y bueno…los peronistas ahí congeniábamos.

Por ese año, el 68, se realiza una movilización por la Reforma Universitaria, de la que participan algunos profesores, y participamos. La policía interviene cuando nos dirigíamos al lugar donde se iba a realizar el acto, y se arma una verdadera “trifulca”, se corta la luz en toda la zona, que era cerca del Mercado de Abasto, y la gente del mecado nos acompaña tirando los cajones afuera parque hagamos barricadas. La cuestión derivó en una franca resistencia a la dictadura. Todo comenzó a las cinco de la tarde y siguió hasta las once de la noche. Ese hecho aceleró que meses después se clausurara el Mercado  y que años después lo demolieran.

Sigo militando cada vez con mayor incidencia, hasta que en el 69 paso as er el secretario general de la FURN en la Facultad de Derecho junto a otros compañeros que integran toda la conducción de la Federación. Cuando me hice cargo de a poco fue desapareciendo el nombre MUR. Ocupé ese cargo hasta el año 70 en que se incorporan otros compañeros, entre quienes se encuentra alguien bastante notorio como es hoy Néstor Carlos Kirchner. Yo me encontraba rindiendo las últimas materias y queda al frente de la agrupación otro compañero, Marcelo Fuentes, actual Subsecretario de Relaciones Institucionales de la Cancillería, al que se suman, Cristina Fernández, hoy senadora nacional y esposa del Presidente de la Nación, Carlos “Cuto” Moreno, actual Subsecretario Legal y Técnico y apoderado del Frente para la Victoria de la Provincia de Buenos Aires, entre otros.

Cuando dejo el FURN, paso a secretario general de la Juventud Peronista de La Plata. Por entonces la designación en espacio de conducción recaía en los compañeros con mayor experiencia, y formación, para ser la expresión pública, se lo había a través de mecanismos de participación, discusión y consensos. Aquella JP contenía tanto a la FURN, como organizaciones barriales y sindicales. En esa militancia universitaria nos formamos y se forjaron los valores que asumimos.

-¿Siempre regresabas por Bragado?

-Siempre. Sobre todo en fechas conmemorativas del peronismo. Por mí relación con los sindicalistas, cuando se avecinaban fechas como el aniversario del nacimiento o la muerte de Evita, los asesinatos de la Revolución fusiladora, los 17 de Octubre, por ejemplo, me acercaba a alguno de los sindicatos y yo mismo picaba los esténciles, iba al mimeógrafo y “tiraba” unos volantes en hojas oficio que luego recortaba, quedando unas mariposas que me llevaba al pueblo a repartir por todos lados. Una tarea militante que contribuía a mantener viva la llama peronista.[1]


[1] Incluido en Parcero, Daniel. Ideales, militancia y esperanzas. Buenos Aires, Instituto de Políticas Públicas, 2005.pp.179-185.