(Urdinarrain, Provincia de Entre Ríos, 1923- Buenos Aires, 1996).

            Abogado, político y escritor.

Nació en Urdinarrain, Entre Ríos, en 1923. Sus padres eran propietarios rurales.

Se inició en la dirigencia estudiantil, donde se sumó a la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y a la Unión Cívica Radical.

A los 29 años por su condición de abogado integró una comisión de cuatro miembros para defender a presos políticos y sindicales, cuyo jefe era Arturo Frondizi.

En 1953 fue acusado de haber participado en la colocación de explosivos durante un discurso de Perón. Se fugó espectacularmente de una seccional policial en Buenos Aires. La madrugada del 4 de mayo de 1953, se escabulló sigilosamente mientras su guardián pensaba que estaba en el baño. Salió a la calle lentamente y, sin ninguna complicidad externa, consiguió asilo diplomático en la Embajada de Guatemala. Cuatro semanas después el gobierno argentino lo habilitó para salir del país. El embajador guatemalteco, Ismael González Arévalo, lo llevó hasta Ezeiza para trasladarse a Chile. Fue en Santiago que se enteró del intento de toma del Cuartel de Moncada en Cuba. Tiempo después se trasladó a Bolivia, donde el gobierno revolucionario del Movimiento Nacionalista de ese país daba a conocer la ley de reforma agraria en un acto multitudinario. En la casa de un diputado salteño, opositor al peronismo, Isaías Nougués conoció a Ernesto Guevara. De Bolivia pasó a Perú, donde fue detenido por la dictadura de Odría, que le impuso 48 horas para salir del país. Luego pasó por Ecuador, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Venezuela y México, donde publicó el libro La realidad peronista. Tras la caída de Perón, el 26 de septiembre, estando en Nueva York participó de un acto ante la estatua de San Martín de homenaje a “los héroes de la resistencia civil y a los militares que derrocaron la tiranía de la Patria” (Noticias Gráficas, 10 de diciembre de 1955). Por ese tiempo, Rojo estaba en estrecho contacto con Ernesto “Che” Guevara en México. Antes de regresar a la Argentina, lo invitaron a formar parte de un panel “para debatir ampliamente los aspectos más salientes del desgobierno peronista y se pensaba invitar al mismo ex dictador para que levantara los cargos a formulársele”, según sus declaraciones. La llegada del avión que debía repatriarlo, impidió su participación.

De regreso a la Argentina, ratificó su solidaridad con la conducción del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, bajo la presidencia de Frondizi. Por otra parte, traía correspondencia para Celia de la Serna, madre de Ernesto “Che” Guevara. A partir de ese momento se generó un vínculo de confianza y comunicación por el cual, ante la llegada de cartas de Guevara, las leían juntos.

En nombre de la intransigencia radical, fue junto a Emilio Perina de los emisarios que viajaron a Santiago de Chile para proponer un acuerdo con el peronismo. Apoyó el pacto Perón-Frondizi. Por esa época colaboró en la campaña presidencial de Salvador Allende. Facilitó el acceso de Jorge Masetti al campamento de Fidel Castro en la Sierra Maestra a fines de 1957, como corresponsal del diario El Mundo, por sus vínculos de amistad con el “Che”.

Al asumir Frondizi fue designado secretario de Estado en el Ministerio de Trabajo. Participó en la organización de la secreta entrevista entre Frondizi y Guevara. En 1959 fue nombrado consejero político en la embajada argentina en Bonn, Alemania. En esas circunstancias recibió a Arturo Jauretche, con quien sostuvo una profunda amistad.

En 1961 viajó a La Habana y compartió con el “Che” Guevara numerosos eventos y acciones de inteligencia y militares.

De regreso a la Argentina tras el golpe de Estado que derrocó a Frondizi en 1962, se sintió decepcionado y se desvinculó del radicalismo.

En 1962 conoció los preparativos del lanzamiento de la acción del Ejército Guerrillero del Pueblo. Instaba a Guevara a estrechar relaciones con el peronismo, aprovechando la estancia de Cooke en Cuba. En 1963 visitó nuevamente Cuba y discutió con Guevara sobre la estrategia de lucha armada para la Argentina. Al regresar, fue detenido bajo la acusación de formar parte de la preparación de un grupo guerrillero.

Al recuperar la libertad brindó sus servicios de abogado a la CGT.

El 18 de mayo de 1965, al fallecer Celia de la Serna, madre de Guevara, fue uno de los oradores del servicio fúnebre.

En base a su relación con Ernesto “Che” Guevara, tras su muerte, comenzó a dar entrevistas dando detalles de su vida. “Un verdadero imbécil” bramó el editor Jorge Álvarez, “estás regalando un verdadero best seller mundial” y pasó a alquilar un departamento y recluyó a Rojo para que escribiera el libro sobre Guevara. El resultado: un texto de 300 páginas, que Rogelio “Pajarito” García Lupo consideró un panfleto e instó al autor “que había que hacer algo objetivo, entretenido, ameno, de lectura fluente…”. La versión final fue enviada a Salvador Allende, quien leyó el material antes de su publicación. Terminada la obra, tuvo un éxito absoluto: 20000 ejemplares.

Uno de los destinatarios del libro fue Juan D. Perón, quien escribió una carta al autor. La misma fue incluida en la segunda edición.  Tras mencionar “los dolores y sacrificios de todo orden que este extraordinario hombre ha debido soportar en su agitada vida de revolucionario”, de manera confusa comenta que se haya “encontrado en Bolivia en una situación tan precaria de medios y preparación”. Luego agrega, no sin ironía, que la guerra de guerrillas “es vieja como mear en los portones” cuestionando la paternidad de esa forma de guerra. A renglón seguido consigna que tiene sus exigencias particulares, según las circunstancias que le toca afrontar, y desde ese punto de vista “la empresa de Ernesto Guevara era, a la vez que temeraria, casi suicida”. Luego mencionaba su propia experiencia en el estudio y en la práctica y destacó el “extraordinario valor personal y la firme decisión de vencer” de Guevara, aunque subrayaba que frente a fuerzas regulares eran virtudes que no resultaban suficientes. Más allá de esos comentarios críticos, le escribía a Rojo:

Pero, pese a todo, yo creo como usted, que el sacrificio del Comandante Che Guevara no ha sido en vano: su figura legendaria ya ha llegado con su ejemplo a todos los rincones del mundo y muchos anhelarán emularlo. Es que esta clase de sacrificios no solo valen por lo que hacen, sino también por el ejemplo que dejan para los demás. Hasta su muerte, por la forma miserable en que se ha producido, ha tenido la virtud de mostrar claramente, con la clase de bárbaros que ha tenido que vérselas.

En la parte final de la carta, Perón remataba

Yo soy de los que piensan que, así como no nace el hombre que escape a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa para servir, que justifique su pasaje por la vida. Guevara ha sido el hombre de una causa y eso es suficiente para colocarlo en la Historia con valores propios e imborrables. Por otra parte, combatir con éxito o sin él contra el imperialismo, ha sido en todos los tiempos un sello de honor para los hombres libres y eso nadie lo podrá borrar del epitafio que Guevara tiene sobre su tumba incierta en el espacio, pero tremendamente verdadera en el tiempo.

El libro generó una viva polémica con los abogados de los guerrilleros detenidos del EGP (Norberto Frontini, Mario Mathov, Arnoldo Kleiner, David Baigún, Jesús Porto y Gustavo Roca), quienes acusaron a Rojo de hacerse eco de los informes de la Gendarmería Nacional y actuar como servicio de inteligencia. Del mismo tenor fue la acusación realizada por los presos Héctor Jouvé y Federico Méndez en una carta abierta dirigida a Rojo.

Trabajó como abogado de la CGT de los Argentinos.

Perseguido por la dictadura del general Juan Carlos Onganía, decidió irse del país y marchó a Francia. Desde París tomó contacto, nuevamente, con Perón, informándole sobre sus viajes y experiencias.

En mayo de 1970 tenía cita con Pedro Eugenio Aramburu el día de su secuestro. Estaban preparando un golpe militar para llamar a elecciones nacionales.

Sufrió detenciones por la defensa de presos políticos y gremiales. En noviembre de 1970 una bomba explotó en el piso de su departamento, generando daños materiales, pero sin víctimas.

En 1973 se separó de su esposa. Ella y su hija Alejandra se exiliaron en Francia.

En la época de la dictadura militar residió en España. Allí trabajó para la agencia de noticias France Press.

En los últimos años, retirado de la actividad política, se reunía todos los martes en el Club Español con viejos amigos: Daniel Divinsky, Rogelio García Lupo, Julia Constenla, Alberto Rudni.

Falleció en 1996, víctima de un cáncer producido por el consumo de cinco atados de cigarrillos diarios, desde muy joven. García Lupo, en su homenaje, escribió una nota en Clarín bajo el título “El amigo del Che”.

Fuentes

Correspondencia Ricardo Rojo-Ernesto “Che” Guevara.

Correspondencia Ricardo Rojo-Juan D. Perón.

Eguren, Alicia. Escritos. Buenos Aires, BN, 2022.

García Lupo, Rogelio. El amigo del Che. Clarín. 4 de febrero de 1996.

Extra. “Un verdadero imbécil. agosto de 1968.

Noticias Gráficas. “Habla para Noticias Gráficas el Doctor Rojo”. 10 de diciembre de 1955.

Referencias:

Rojo, Ricardo. Mi amigo el Che. Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1968. Reediciones: Merayo, 1974; Legasa, 1985 y Marea Editorial, 2024.

Darío Pulfer